Monday, April 29, 2013

Esos quince...

Cuando tenía quince años y creía que me comía el mundo, apenas comenzaba a vivir. Recuerdo celebrar mi quinceañero junto a mis mejores amigas en un crucero. Tener mi primer besito (sí, a los quince). Mi primer novio. Mi primera desilusión. Nuevas amistades en una nueva escuela. Primeros parties de marquesina. Probar mi primera bebida alcohólica: limoncillo. Graduarme con altos honores de 9no grado. Me sentía on top of the world!  Mientas a mi alrededor ocurrían cosas que ni yo imaginaba. El mundo real. Yo vivía en una burbuja la cual me gusta llamarle "mi mundo rosita" (aún me gusta regresar a el, y esquivar o cancelar todo lo negativo que ocurre a mi alrededor y me hace sufrir el pasado). 
Crecí en una escuela evangelista, donde nos tenían apartados, quizás sin querer, del mundo real; del mundo crudo y fuerte. No creo que haya sido ingenua, quizás algo inocente. Aún así no me arrepiento y doy gracias a mis padres por haberme colocado en esta escuela. En plena adolescencia cambié a un colegio católico en el cual se respiraba otro aire. ¡Yo casi casi ni sabía qué era la marihuana! Era algo totalmente distinto a mi realidad. Imagínate, de 58 estudiantes brinqué a un colegio en donde éramos 200 estudiantes por grado. Obvio nunca los llegué a conocer todos. Sinceramente al principio lo detesté y quería regresar de vuelta a "mi mundo rosita". Pero ya no había vuelta atrás. Ya en décimo grado fui acoplándome y de ahí salí con varias buenas amistades. Con esas amistades gocé mi juventud adulta y la gran mayoría seguimos siendo bastante apegados.
A los quince, diecisiete, veinte años uno está loco por vivir y ser "grande". A que no nos manden, a hacer lo que queramos cuando queramos. A ser "independientes". A tener carro, tener trabajo, ganar el dinero propio, etc. Vivimos ajorados, buscando llegar a esa felicidad de ser grande. Hasta que llegamos. Y entonces cumplimos 25 años. Y llegamos a la peseta. La depresión más grande del que quiere ser un eterno joven. Porque los 25 son una edad, de que aunque no quieras, evalúas y/o evalúan tu vida basándote en qué has logrado, qué has hecho, qué estás por lograr. Si sigues creyéndote joven con un part time y pariseando miércoles a domingo. Si tienes una relación formal como para casarte o si sigues de don juan. Si ya tienes un trabajo "de adulto" o todavía estás en tu octavo año de bachillerato. Si ya tienes hijos. Cuántos hijos tienes y si son del mismo padre/madre. En fin,  es una edad de autoevaluarse y encaminarte.. And that's not fun at all.
Entonces llegamos a los 27 y 28 años y comienzan las preguntas "¿cuándo te casas?" y si estás casado "¿cuándo tienes hijos?", si vives con tus papás "¿cuándo te independizas?", y así entre muchas otras preguntas que a nadie le debe importar más que a ti porque uno está que ni tu mismo quieres contestarte esas preguntas, ya que casi siempre le tenemos miedo a la respuesta. Y se acercan los treinta y el reloj "biológico" está corriendo (y lo digo entre comillas porque una mujer de 40 años sí puede tener un hijo) y uno solamente quisiera regresar a esos años que aunque te rompieron el corazón en mil cantitos, la vida no era tan complicada ná.



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